La continuidad y el incremento de graves hechos delictivos, generalmente con lamentables saldos de muertos, impide hablar ya de una ola de inseguridad en la Argentina. El término "ola" evoca algo intermitente o fugaz, mientras que el fenómeno de la inseguridad que se registra no sólo en la Capital y el conurbano, sino en todo el país, aparenta ser algo permanente y en crecimiento.
De no haber sido por la convulsión que vive la Argentina desde hace más de tres meses a raíz del conflicto entre el Gobierno y el campo, la cobertura periodística de los graves sucesos que se repiten día tras día habría sido mucho mayor. De todos modos, el periodismo lo único que hace es reflejar una parte de esa realidad ya instalada, pues no todos los hechos llegan a la prensa ni todos los delitos se denuncian.
En 2006 hubo 2052 homicidios dolosos en el país y se estima que este año superarán esa cifra. En la Capital y el conurbano se registran 25 salideras bancarias por día. La gama delictiva es amplia y también la padecen localidades del interior donde estos hechos eran inusuales. Entre otras, la localidad santafecina de Las Parejas no sale de su asombro ante el apuñalamiento de una adolescente.
La gama delictiva abarca desde asaltos, generalmente acompañados por una violencia gratuita e irracional, hasta violaciones, homicidios y secuestros. También, los centenares de desapariciones de menores de las que da cuenta la organización no gubernamental Missing Children.
Por su cantidad y su concentración, los delitos que se suceden en localidades de la zona norte del conurbano bonaerense, como Pilar, llaman especialmente la atención y permiten sospechar la posible existencia de algo parecido a una "zona liberada" por obra de algunos efectivos policiales.
Varios de los delitos que se han cometido en Pilar son asesinatos. En febrero último, un comerciante murió baleado. En mayo, raptaron y violaron a una adolescente, y durante este mes, hirieron de bala a una abogada, asesinaron en su vivienda a un empresario al que quisieron robarle 25.000 pesos y mataron a una mujer con un balazo en la nuca. En Pilar, los delitos aumentaron un 50 por ciento respecto del año pasado y superan en un 16 por ciento el promedio de la provincia de Buenos Aires. Cada media hora, un vecino de esa localidad radica una denuncia. Mientras que en el resto del conurbano el robo de automóviles habría disminuido respecto de años anteriores, en Pilar aumentó un 35,6 por ciento respecto de 2004.
Días atrás, en La Plata, una estación de servicio sufrió su asalto número 130 de los últimos años. El penúltimo había ocurrido tres días antes. En un mes, fueron seis los asaltos a esa estación.
Aunque la policía bonaerense se anotó un importante triunfo con la liberación, en abril, del joven Ariel Perretta, quien permaneció secuestrado durante dos semanas en el Tigre, los secuestros continúan. En La Matanza, cada tres días se denuncia un secuestro exprés.
En este contexto, nada ayudan las cien excarcelaciones de presos que cumplían condenas por delitos graves, ordenadas desde octubre último hasta el presente por la Cámara de Apelaciones de San Isidro, pese a los informes en contrario del Servicio Penitenciario Bonaerense. Cabe recordar que cuatro de los cinco integrantes de la banda de asaltantes que hace diez días asesinó a Ernesto Mata en su casa de Martínez habían sido beneficiados con salidas transitorias y libertad condicional, aunque en el caso de estos delincuentes no intervino la Cámara de San Isidro, sino los tribunales de Morón, Bahía Blanca y Mar del Plata.
Las fórmulas simplistas, como las que interpretan el delito solamente como un producto de la desigualdad social o como una consecuencia de la laxitud de las leyes, no ayudan a combatirlo en profundidad. Tampoco contribuye la subestimación del fenómeno por razones políticas, ni la ausencia de datos oficiales confiables y actualizados. Se sabe que en comisarías de la Capital y el conurbano se desalienta la radicación de denuncias de delitos menores y que en algunas del Gran Buenos se falsean las estadísticas. Lo que importa es que las autoridades encaren con decisión y realismo esta epidemia que se ha convertido en endemia. Basta echarle un vistazo a la crónica policial diaria para advertir que el paso del tiempo sin un combate decidido contra la delincuencia no ayuda, sino que empeora la situación.
La Nación
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